EX MINISTRO DE ECONOMIA SE VENDE, SE ACEPTA MENOR VALOR

En el imaginario colectivo de los argentinos existe la idea de que nuestro país no se desarrolla —o es un país subdesarrollado— debido a fuerzas externas, especialmente provenientes desde los EEUU, las multinacionales, el FMI y otros oscuros entes maléficos, a quienes nunca conocimos ni conoceremos. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la inmensa mayoría de los argentinos están convencidos de que los “enemigos” de la Argentina están fronteras a fuera, y forman parte de una especie de “mafia internacional”, aunque yo creo, y esta es una apreciación muy personal, que los enemigos no están afuera, sino que los traidores están adentro. Podríamos citar muchísimos ejemplos, pero eso sería tema para otro análisis, ya que el caso que hoy nos convoca es el del ex ministro de Economía y ex candidato presidencial, Roberto Lavagna. Realmente es muy difícil explicar lo inexplicable, como la repentina “borocotización” del personaje en cuestión, pero todo, absolutamente todo, tiene su interpretación. ¿Qué es lo que motivó a Roberto Lavagna a ingresar a las huestes de Frente Para la Victoria? Sencillamente, sus ansias de poder. Por más que hoy el ex Ministro se dedique a tratar de aclarar que él en ningún momento dijo que era “oposición”, sino “alternativa” —habría que preguntarle cuñal es la diferencia— nadie se lo creerá, y se suma así a la lista de los políticos que tratan de insultar a la inteligencia de los argentinos.

Los logros de Lavagna
Si bien el ex Ministro se arroga el mérito de haber superado los primeros años de la crisis (2002-2003) "post Fernando De La Rúa", y haber finalizado la etapa de transición duhaldista con cierto éxito, esto no es así. De hecho, todavía hoy el supuesto “plan económico” sigue siendo el mismo que implementaran Eduardo Duhalde y Remes Lenikov: mantener un dólar sobrevaluado y así ganar en competitividad respecto a los precios internacionales, y consecuentemente, vernos favorecidos en las exportaciones.
Este “plan” no fue mérito de Lavagna, sino de la improvisación de Eduardo Duhalde y Lenikov, encargado de realizar el trabajo sucio de la devaluación y luego renunciar. Hasta aquí, habría que preguntarle a Lavagna adónde está su mérito, aunque, no hay por que negarlo, tuvo algunas ideas muy innovadoras y revolucionarias durante su gestión para poder sortear inconvenientes.
Las dos más “brillantes” fueron, aplicar la doble indemnización para solucionar el problema de la desocupación, y el sistema de premios y castigos por el consumo de energía eléctrica y gas para solucionar la crisis energética.
Y aquí me voy a tomar la licencia de coincidir con quienes piensan que desde afuera nos boicotean ¿cómo puede ser que ante tan brillantes medidas no se le otorgara a Lavagna el premio Nobel de Economía? Pero no debemos olvidarnos de su obra máxima como ministro de Economía, la estafa a los ahorristas, extranjeros y argentinos, y su incapacidad para resolver el problema. No nos olvidemos que todavía existen miles de ahorristas que no pudieron recuperar su dinero. Ese es, políticamente, Roberto Lavagna.

De las mentiras de ayer a la realidad actual
Todos sabemos que el divorcio entre Lavagna y Néstor Kirchner respondió a diferencias estratégicas, con lo que no estamos descubriendo nada nuevo. Una vez lanzado a su campaña presidencial, Lavagna, trató por todos los medios de diferenciarse del Frente Para la Victoria, diciendo que la única oposición era él, pero claro, hoy, según él, la “oposición” es “alternativa”, y no tiene ningún reparo en defraudar a los 3.083.577 votantes que creyeron en él.
Con esta actitud, incluso, podríamos pensar que su candidatura formaba parte de un pacto secreto entre Lavagna y Kirchner para restarle votos a Carrió, y hoy esa situación se blanquea de alguna manera. Después de todo, hagamos memoria y recordemos que Lavagna, quien fuera el más perjudicado en el fraude electoral de las últimas elecciones, con la “desaparición” de sus boletas, fue el único que no se quejó, haciendo sólo algunos tibios comentarios y minimizando tan importante hecho; pero eso sería entrar en el terreno de la especulaciones.

Conclusión
Cada vez que se le pregunta a los justicialistas sobre lo heterogéneo del partido, ya que en él conviven desde conservadores de derecha hasta terroristas de izquierda, la respuesta es siempre la misma: “El paraguas de Justicialismo es muy amplio, y debajo de él conviven todas las ideologías” y la verdad que como frase “marketinera” es muy buena, ya que vende la idea de pluralismo, pero lo cierto es que el justicialismo es el mejor sitio para refugiar conversos, que a lo único que aspiran es a usufructuar el aparato del peronismo y sus votos cautivos. Esa es, lisa y llanamente, la intención de Roberto Lavagna, formar parte de esta supuesta “reorganización” del justicialismo, que no es otra cosa que legitimar a Néstor Kirchner como dueño del partido.
Pero la actitud de Roberto Lavagna no debe sorprendernos, ya que responde a la media del político típico argentino, a quien lo único que le interesa es su posicionamiento y acumular poder. Por eso, cada vez que escuche que nuestros enemigos están afuera, reflexione, y piense que primero los traidores están adentro.
Publicado por: www.periodicotribuna.com.ar y www.agencianova.com febreo 2008