LA IGUALDAD CONSISTE EN DARLE A TODOS SEGUN SUS MERITOS

Muchas veces se dijo que Latinoamérica en general, y La Argentina en particular, no progresan por que están “oprimidos”.
No cabe dudas de que éste no es solo un pensamiento simplista, sino que además es falaz. En primer lugar, habría que determinar por quien o quienes estamos “oprimidos”, y luego, en caso de llegar a alguna conclusión, analizar quien o quienes serían los responsables.
Sería bueno, que antes de aseverar que estamos “oprimidos” analicemos de quien es la culpa de que los políticos en Latinoamérica sean la única clase social que mejora constantemente su nivel socio-económico, y los habitantes se ven poco a poco con menos oportunidades de tener acceso a la salud, la educación, buena alimentación o una vivienda digna.
Es evidente que la calidad de vida en Latinoamérica se va deteriorando sensiblemente, especialmente en el ámbito social y el cultural, y es responsabilidad de nuestros gobernantes tomar las decisiones adecuadas para encontrar el camino del desarrollo. Ésos políticos no solo son elegidos por nosotros, sino que además nacen, crecen y se educan en nuestros países, y forman parte de nuestra propia idiosincrasia.
Es aquí donde se forma una especie de “círculo vicioso”, al que tenemos que convertir en “virtuoso”; ése es el principal desafío.
Los pueblos latinoamericanos reclaman igualdades, ¿Pero que le ofrece Latinoamérica al mundo? ¿Cuáles son nuestros méritos?
La respuesta no es tan difícil, la igualdad será alcanzada por nosotros mismos en función a los méritos obtenidos.
Si queremos mejorar como pueblo, como familia, o como individuos, nos lo tenemos que proponer, y preocuparnos y esforzarnos nosotros mismos por lograrlo, porque únicamente de nosotros depende.
Si empezamos por cada uno de nosotros a preocuparnos y proponernos mejorar como individuos, mejoraremos como familia, en nuestros trabajos y, finalmente, como sociedad. Cuanto mejor sea nuestra educación, mejor será nuestra cultura, y por consiguiente mejores serán los frutos de nuestros esfuerzos, por lo que no podemos esperar una igualdad de oportunidades si no actuamos en consecuencia, pues éstas se nos presentaran según nuestros méritos.
Como ejemplo y argumento citaremos al epistemólogo Jean Piaget que dice: “Uno no entiende todo lo que ve, sino que ve lo que entiende”, y al Dr. Marcos Aguinis, quien dijo: “El mundo se divide en cuatro: los piases ricos, los pobres, Japón y Argentina, pues no se entiende porque Japón teniendo tan poco es tan rico y Argentina teniendo tanto es tan pobre”. Citamos a estos dos pensadores porque si bien dicen dos cosas aparentemente incompatibles, están muy relacionadas entre si. En primer lugar para poder entender, se necesita conocimiento, y este lo adquirimos únicamente con estudio, con educación. En definitiva, es producto de nuestra cultura. En segundo lugar, Japón llegó a ser un país desarrollado, y por consiguiente una potencia económica teniendo tan pocos recursos naturales, gracias al esfuerzo de sus habitantes y su cultura, desarrollando un gran potencial tecnológico que surge desde el conocimiento.
Así vemos como estos dos pensamientos están relacionados entre si y nos demuestran que las posibilidades de igualdad serán proporcionales a los esfuerzos y los méritos.