DE QUIEN ES LA CULPA?

Entre tantos males que nos aquejan a los argentinos, el que más sufrimos, es el de ser víctimas de nuestra propia idiosincrasia; esto hace, entre otras cosas, que suframos en carne propia nuestros propios defectos, pero respondiendo a nuestra característica, permanentemente nos justificamos por las cosas que hacemos mal o que simplemente no hacemos, y por consiguiente, buscamos las responsabilidades en algún tercero.
Como ejemplo podemos tomar algunos acontecimientos que ocurren a diario en nuestro país. Según indican las estadísticas de los últimos años, una de las principales preocupaciones de los argentinos es la inseguridad, sin embargo, más allá de encontrar una solución a ésta problemática, los índices no solo van en crecimiento, sino que además, los responsables tratan de minimizarlo o, en algunos casos desligarse del problema derivándolo a otras autoridades. Para colmo de males, los jueces se encuentran con que las cárceles están abarrotadas y los detenidos quedan hacinados en comisarias; de más esta decir que la justicia se encuentra casi colapsada y esto deriva en otro problema, que es que cada juicio demore años; y aquí las preguntas son las siguientes: ¿No seria mejor, primero, tratar de bajar los índices de delincuencia? Segundo, ¿No seria lógico mejorar el deficiente y burocrático sistema judicial que tenemos? Y por ultimo, si no tenemos la capacidad de realizar los puntos 1 y 2, ¿No sería más sensato construir más cárceles o ampliar o mejorar las ya existentes? Seguramente, para la capacidad intelectual de nuestros representantes es un tema muy difícil, entonces hacemos lo más fácil, o sea, dejar a los presos en libertad.
La salud no escapa a la crisis; testigo de ello es el lamentable estado de los distintos centros sanitarios y las peripecias que deben realizar aquellos que necesitan recibir atención, debiendo realizar un calvario de horas para obtener un número y poder ser atendidos.
Lógicamente, uno de los principales pilares de cualquier sociedad es la educación, y es aquí donde encontramos tal vez, el punto más representativo de nuestra propia inoperancia, ya que es precisamente en la juventud donde deberíamos poner más interés, pero lamentablemente, año tras año, nos encontramos con los mismos problemas, maestros que reclaman mejoras salariales, padres que se quejan por las malas condiciones de los establecimientos educativos y, lo peor de todo, innumerables casos de chicos que van a la escuela para poder tener acceso a un plato de comida. Y todos los años asistimos al mismo espectáculo, ver a los funcionarios de turno tratando de salir del paso atacando a las consecuencias en lugar de ocuparse de las causas.
En vez de prevenir o proyectar, ya sea en políticas de salud, de educación, salariales, laborales, industriales, en fin, verdaderas políticas de Estado, hacemos siempre lo más fácil, improvisando, a la buena de Dios; y por supuesto como mejor nos sale, de la manera más precaria posible.
Hablamos de educación, hablamos de justicia y hablamos de inseguridad, también de la falta de recursos y la deficiencia de nuestro sistema de salud, y estos son los temas de los que nos tenemos que ocupar, o mejor dicho, de los que se tendrían que ocupar nuestros mandatarios, legisladores y funcionarios, pero desde hace muchos años, a los argentinos, nos enseñaron que somos un pueblo oprimido, pero oprimido por quien?
¿No será que estamos oprimidos por nosotros mismos, por nuestra inoperancia, por nuestra propia incapacidad y nuestra idiosincrasia?